En distintas áreas hidrocarburíferas de la provincia hay más de 1.000 pozos petroleros que se perforaron desde las primeras décadas del siglo pasado y de los cuales solo un puñado produce hoy algo de crudo.

El Lomitas 87, parte de un intenso programa exploratorio que desarrolló YPF en la zona de Vespucio entre 1930 y 1940, puso nuevamente en el foco de atención a los yacimientos norteños con una fuga que impactó en sectores circundantes de ese pozo del municipio de General Mosconi.

Así comenzó a manifestarse hace 20 años atrás el descontrol del pozo MdT 14, de Martínez de Tineo, que causó un desastre ambiental desde 2006 hasta 2012 en ese yacimiento del área Puesto Guardián (Pichanal). El abandono definitivo de ese pozo que perforó YPF en 1975 fue completado por la petrolera estatal recién en 2017, tras una serie de complejas y fallidas intervenciones que costaron más de 40 millones de dólares para detener sus violentas erupciones de gas y crudo mezclado con agua.

Un desastre ambiental

Con incipientes fugas denunciadas por puesteros de la zona de La Estrella también empezó a evidenciarse en agosto de 2023 el descontrol del LO-x10,otro pozo que perforó YPF en 1983 y permaneció inactivo durante cuatro décadas en el yacimiento Lomas de Olmedo.

En mayo de 2025, el LO-x10 entró en erupciones semejantes a las del MdT 14, con estragos en los suelos, la flora, la fauna silvestre y animales de cría de la zona afectada.

Si bien a raíz del serio problema ambiental se dispusieron medidas de contención a través de un Comité de Crisis, el segundo desastre del área Puesto Guardián aún espera resoluciones judiciales inherentes a las responsabilidades por los daños causados.

President Petroleum, la última operadora de una serie de empresas que se sucedieron en la explotación de los yacimientos del bloque de Pichanal y se desentendieron de los sellados técnicos definidos por el ordenamiento legal como «abandono definitivo de pozos», se presentó en concurso en octubre de 2024 y fue declarada en quiebra en agosto de 2025.

Un relevamiento

Mientras espera señales de YPF, empresa a la que la Justicia contenciosa ordenó controlar el derrame y cumplimentar el sellado del pozo de Martínez de Tineo por ser la que lo perforó, la Provincia avanza con un relevamiento para determinar cuántos son los pozos petroleros que permanecen sin abandono definitivo en el norte y que se estiman en cientos.

Arce, diputado de San Martín, presentó dos proyectos, incluido un pedido de informes sobre la situación de los pozos que se consideran amenazas latentes del pasivo ambiental de la actividad.

Días atrás el legislador norteño hizo tomar muestras de suelos afectados por un incipiente derrame del pozo Lomitas 87, que analiza un laboratorio especializado de Tartagal.

Ayer, mientras aguardaba el informe preliminar de esos análisis específicos, Arce insistió en que los pozos petroleros sin cierres técnicos, además de ser una gran preocupación, también podrían transformarse en una gran oportunidad de trabajo genuino.

Oportunidad

Hizo notar que su abandono y saneamiento requiere apertura de caminos, instalación de obradores, toma de muestras, mediciones y tareas que podrían generar decenas de puestos de trabajo directos e indirectos. Además, remarcó que muchos de esos pozos, que dejaron de interesar a grandes petroleras, podrían ser puestos en producción mediante un esquema que dispondría en el norte de muchas pymes aptas, equipadas y con sobrada experiencia en el rubro. «Lo ideal sería crear una cámara de hidrocarburos del departamento San Martín. Estamos seguros de que pozos con poca producción o enanos serían redituables para empresas que no tienen los estándares de las multinacionales», enfatizó en referencia a las ecuaciones económicas que definen el interés de las grandes petroleras.

«Conocemos bien el potencial que tiene San Martín en materia de gas y petróleo. Necesitamos reactivar. El centralismo salteño impide que crezcamos. Solo se llevan las regalías y nos dejan pobreza», planteó el diputado del bloque de La Libertad Avanza.

La afirmación de Arce se apoya no solo en su convencimiento, sino en registros concretos y experiencias transmitidas por técnicos expertos con hasta 50 años de trabajo en la actividad. Algunos de esos ypefianos, como Laureano Vera, están jubilados, son consultores escuchados y le acercan al legislador de San Martín planillas con datos precisos sobre los pozos perforados desde 1922, las empresas que los perforaron, las áreas donde se encuentran y la situación técnica de los yacimientos.

Otros, como Raúl Palomino dejaron conocimientos y testimonios que perduran en legados familiares y archivos.

El potencial de Lomitas, Tranquitas y Vespucio

Solo en los antiguos yacimientos de Lomitas, Tranquitas y Vespucio, hay un medio centenar de pozos cerrados que podrían producir condensado de gas y petróleo en volúmenes suficientes para abastecer a poblaciones de San Martín y contener decenas de puestos de empleo en un departamento que cuenta con pymes, técnicos y trabajadores experimentados. Entre esos pozos se cuenta el Lomitas 87.

Los citados yacimientos están localizados en las cercanías de Campamento Vespucio, a poco kilómetros al oeste de General Mosconi. Desde hace décadas voces calificadas concuerdan e insisten en que esos yacimientos justificarían inversiones que, sin ser tan elevadas, posibilitarían ponerlos nuevamente en producción.

Raúl Palomino, experto que trabajó durante 30 años en un sector estratégico de YPF ( Minería y Geología de Explotación), exponía claramente su potencial, el 20 de diciembre de 2009, en una entrevista con El Tribuno.

En la zona de Vespucio, legendaria sede del Yacimiento Norte de YPF, él fue jefe de Asistencia de Campo y Control Geológico, y a su cargo estuvieron las guardias de reparación de pozos. También estuvo al frente de los trabajos especiales que la petrolera estatal comenzó a contratar en la década del 70 con compañías como Schlumberger, Bridas y -años más tarde- Pluspetrol.

Tranquitas, al cual Palomino miraba con especial interés, es uno de los yacimientos más antiguos, ya que su plena explotación se produjo alrededor de 1930, con la perforación de más de 200 pozos someros. Tras su jubilación, el avezado técnico minero volcó su experiencia en otros ocho años de asesoramiento a Tecpetrol (la actual operadora del área de Aguaragüe). En aquella entrevista, tras detallar que la estatal YPF perforó 33 pozos en el yacimiento Vespucio, 95 en Lomitas y otros 203 en Tranquitas, precisó cuándo y por qué los más de 300 pozos someros que rodean a Vespucio entraron en un largo impasse productivo.

«En 1957 aparecieron los pozos de muy buena producción de Campo Durán (a 60 kilómetros al norte en Aguaray), que rendían entre 200 y 300 metros cúbicos diarios, por lo que se puso todo el esfuerzo en esa área. Tranquitas, que estaba en producción, prácticamente se paró y los pozos fueron cerrados», aclaró Palomino.

Desde 1928

En planillas que conservó como reliquias quedaron asentadas las fechas de inicio de las perforaciones y las características técnicas de cada una. El primero de los 33 pozos del yacimiento Vespucio empezó a perforarse el 1 de junio de 1928 y se terminó 6 meses más tarde. El capítulo inicial de otros dos pozos precursores de la zona, Quemado 1 y Quemado 2, se remonta aún más atrás en el tiempo: a 1922. Los tiempos de la Standard Oil Company.

Las luces que dejó encendidas Palomino tiene datos que reafirman el potencial de aquellos yacimientos para un esquema de reactivación productiva como el que hoy propone el diputado Arce, no solo como oportunidad para apuntalar a pymes norteñas y contener empleos, sino también como opción razonable frente a los cientos de pozos petroleros que permanecen sin abandono definitivo, con latentes riesgos de descontrol, fugas y derrames desastrosos.

En la entrevista de diciembre de 2009, Palomino remarcaba que en el tiempo transcurrido con esos yacimientos cerrados, se advirtieron indicios de «migraciones», es decir desplazamientos de petróleo y gas hacia los pozos, con indicadores de reacondicionamiento natural. «Esto lo digo porque al cierre, hace algunas décadas, los yacimientos tenían una presión de 20 kilos, pero al actualizar los datos en 2004 nos encontramos con presiones de más de 97 kilos», subrayaba entonces.

«Con un equipo chico sería suficiente»

Y sobre esa base de información cierta, resumía: «Lo que se necesita para recuperar a alrededor de 32 de esos pozos es refaccionarlos, asistirlos y, para ello, se puede utilizar un equipo chico. Con uno solo sería suficiente», acotaba.

Retomando la explicación del largo ciclo de inactividad de los yacimientos Vespucio, Lomitas y Tranquitas, Palomino agregó que luego de los importantes alumbramientos de Campo Durán, sus pozos se cerraron o taparon, porque el interés de las grandes petroleras se focalizó en objetivos más profundos y redituables en volúmenes, como los de las formaciones geológicas Icla, Santa Rosa y Guamampampa.

A partir de 1992, tras la privatización de YPF, las perforaciones que llevaron adelante las compañías integradas en la UTE Aguaragüe llegaron hasta profundidades de más de 6.500 metros.



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