La extensa reunión de socialización del proyecto hidroeléctrico El Carrizal realizada en Villa Montes dejó más interrogantes que certezas. Tras casi diez horas de debate entre autoridades, legisladores, técnicos, organizaciones ambientales y representantes indígenas, se acordó un cuarto intermedio y la convocatoria a la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE) para que presente la totalidad de los estudios y documentación técnica de la iniciativa.
Sin embargo, para los sectores que cuestionan la construcción de la represa, el encuentro confirmó una preocupación central: la falta de información pública y la ausencia de estudios integrales sobre los efectos que tendría la obra sobre toda la cuenca del río Pilcomayo.
En diálogo con El Tribuno, la bióloga Ludmila Pizarro, integrante de la Plataforma Ambiental Villa Montes, sostuvo que durante la reunión los impulsores del proyecto intentaron instalar la idea de que el río Pilaya no forma parte de la cuenca del Pilcomayo, argumento que considera incorrecto desde el punto de vista hidrológico.
«Lo que hicieron quienes están a favor de la construcción de la represa es querer confirmar que el río Pilaya no está dentro de la cuenca del Pilcomayo. Lo cual no es cierto. El río Pilaya forma parte de la cuenca y nosotros queremos ver los estudios completos. Solamente nos presentaron una carpeta de ocho hojas sobre el río Pilaya», afirmó.
La ambientalista explicó que las organizaciones presentes exigieron acceso a toda la documentación técnica relacionada con la cuenca alta, media y baja del Pilcomayo, ya que consideran insuficiente analizar únicamente el área donde se emplazaría la presa.
«Le pedimos a los impulsores todos los estudios ambientales de la cuenca alta, media y baja del Pilcomayo. Acá tiene que intervenir la Organización del Tratado de la Cuenca del Plata y también la Comisión Trinacional del Pilcomayo. Hay que revisar qué dicen los acuerdos internacionales y, además, realizar las consultas correspondientes a las comunidades indígenas», señaló.
Según Pizarro, uno de los aspectos más preocupantes es que el proyecto aún no cuenta con la legitimidad social necesaria para avanzar.
«Hoy el proyecto carece de respaldo social», sostuvo.
Un cambio irreversible
Más allá de las discusiones técnicas, el eje de la preocupación ambiental se concentra en los cambios que podría sufrir el Pilcomayo, un río caracterizado por su dinámica natural de crecidas, inundaciones y sequías estacionales.
Consultada sobre si el proyecto podría modificar para siempre al río tal como hoy se lo conoce, Pizarro respondió sin dudar.
«Por lo poco que pudimos ver, el proyecto contempla un caudal en metros cúbicos menor al que tiene actualmente. Es decir que la represa le limita el caudal al Pilcomayo», explicó.
Pero advirtió que la principal transformación sería la pérdida del denominado «pulso de inundación», fenómeno natural que permite la formación de humedales, la reproducción de peces y el mantenimiento de la biodiversidad en todo el Gran Chaco.
«Lo que sí hará cambiar para siempre al Pilcomayo es que perderá el pulso de inundación, que es justamente lo que lo hace rico. Es la naturaleza del Pilcomayo, su régimen hídrico. Se convertirá en un canal sin vida», alertó.
Para graficar el impacto potencial, utilizó una comparación contundente.
«Si lo comparamos con una persona, le quitarán a propósito el ritmo cardíaco y lo mantendrán apenas vivo con una máquina artificial», expresó.

La preocupación de las comunidades
Las declaraciones de Pizarro coinciden con las advertencias formuladas por científicos de Argentina, Bolivia, Paraguay, Países Bajos, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos, quienes en un documento difundido años atrás alertaron sobre las consecuencias que tendría la regulación del caudal sobre el ciclo reproductivo del sábalo y otras especies migratorias.
El Pilcomayo constituye la principal fuente de sustento para numerosas comunidades indígenas y criollas del Chaco boliviano, paraguayo y argentino. Los humedales generados por las inundaciones periódicas funcionan como áreas de cría para peces y sostienen actividades económicas vinculadas a la pesca, el transporte y el comercio regional.
En ese contexto, la dirigente ambiental consideró que la discusión excede las fronteras de Bolivia y debe involucrar a todos los actores de la cuenca trinacional.
A ello sumó un factor que, a su juicio, vuelve aún más riesgosa cualquier alteración artificial del sistema hídrico: el cambio climático.
«A esto le debemos agregar todas las predicciones meteorológicas que alertan sobre sequías prolongadas para el Chaco», advirtió.
Por esa razón convocó a una mayor participación ciudadana en el debate.
«Las comunidades criollas e indígenas tienen que salir a expresarse, exigir información y acción a sus respectivas autoridades, porque esto afectará a todos», afirmó.
Esto recién comienza
La reunión de Villa Montes concluyó sin definiciones concretas sobre el futuro de El Carrizal, pero dejó establecido un nuevo escenario: antes de cualquier avance, ENDE deberá presentar los estudios completos y responder a las observaciones planteadas por organizaciones ambientales, científicos y pueblos indígenas.
Mientras los impulsores destacan la posibilidad de generar energía eléctrica y ampliar la superficie bajo riego en el sur de Bolivia, los sectores críticos sostienen que todavía no existen garantías suficientes sobre los impactos ambientales, sociales y económicos que podría provocar una obra de esta magnitud.
La controversia continúa abierta y, con ella, una pregunta que atraviesa a toda la cuenca trinacional: si los beneficios prometidos justifican el riesgo de alterar para siempre uno de los sistemas fluviales más singulares de Sudamérica.



