Dentro de la programación de la Semana de Cine en Salta, se destaca «Los vencedores», de Pablo Aparo, que se proyecta hoy, a las 22, en el Cine Ópera. A pocas semanas de su estreno en salas y aún en festivales, el documental aborda un tema muy significativo para la memoria y el sentir colectivo del país, Malvinas.

Filmada en las islas y con sus habitantes como protagonistas, la producción comenzó con la intención de conocer a los pobladores y rastrear las huellas de la guerra de 1982, pero en el camino se encontró con una amistad que redimensionó la película. En contacto telefónico con el realizador, aparecieron estos y otros temas. Acababa de llegar del Festival de Locarno, Italia, y se preparaba para viajar al Festival Internacional de Cine de Lima PUCP. «Por eso no puedo estar en Salta», dijo Aparo en el inicio de la charla.

¿Cómo recibieron la película en Locarno?

Me sorprendió mucho. Es un festival grande, de clase A, en esta sección daban una película por día, a las 11, pero fueron alrededor de 800 personas un día, y 200 al otro día en una sala más chica. Quienes conocían sobre Malvinas me decían que el documental le dio luz a la situación, y a los que no sabían nada les presentó un lugar y una gente que no imaginaban que existían. Para mí fue misión cumplida.

¿Y cómo respondió el público argentino en el Bafici?

Llega mucho y es bastante controversial. Y lo que rescataron mucho fue el lado humano… La amistad que se genera en la película, y cómo la transmití. Que en realidad es retratar un poco lo que yo sentí, lo que me pasó ahí y las preguntas que me dejó, y eso está en la película. Algunos quizás sean un poco más radicales en la cuestión de darle voz a ellos, que dicen algunas cosas que molestan, pero también hay ciertas verdades, y las verdades también molestan. Veremos qué pasa ahora, en septiembre… Veremos en Salta qué sucede…

Cuando estabas grabando allá, ¿qué sentías?

Lo primero fue el desafío de ver si podía hacer una película estando allá, porque hay que vencer varias barreras. Por el hecho de ser argentino, de tener una cámara, por el hecho de que muchas veces fueron periodistas argentinos y ellos sintieron que no fueron muy fieles a lo que dijeron. Esas barreras tuve que derribar… Estuve seis meses viviendo allá, fui en el 2020, 2023 y 2024. Al principio la gente no me conocía, pero ya al final entendía más o menos lo que estaba haciendo y empezaba a abrir más puertas. Me fui enterando de cosas que no sabía, descubriendo, entendiendo qué les pasó en la guerra.

¿Cómo viste el tema de la guerra en ellos?

Los más viejos la vivieron en la puerta de sus casas y tienen un espíritu más radical con los argentinos; muchos sufren estrés postraumático. Y tras la guerra las islas se transformaron, crecieron económicamente y hubo más conexión con el Reino Unido. Los jóvenes, al contar con otros recursos y educación financiada, ya no sienten esa amenaza que por ahí siguen sintiendo los más grandes.

¿Cómo te preparabas para las entrevistas?

Hice bastante investigación; desde acá, me pude contactar con algunos vía Facebook o mail. Después, algunas personas del gobierno de las islas me presentaban gente para entrevistar. Y tenía una base de preguntas que quería hacerles. Me había llamado mucho la atención la base aérea militar que tienen ahí. Ellos son 3.500 personas, y en la base, cuando está a full de soldados, son otras 3.500 personas, una presencia militar muy grande… Entonces, la pregunta que me había surgido era si ellos se sentían más seguros o si eso generaba más paranoia.

Retratás la zona urbana y el campo…

Sí. Quería ver cómo vive la gente en el campo, sentía que es lo que representa más a cómo ellos llegaron ahí y lo que quisieron hacer… Fue difícil entrar a la propiedad privada hasta que conocí a Matt, un isleño muy anti-argentino, en sus expresiones, en todo, pero igual me invitó a su casa. Y ahí empezó esta amistad inesperada con alguien que me mostró cómo vive, cómo son sus formas. Cuando lo conocí, se dio un vuelco y la película, se volvió no solo una cuestión de investigación, sino también el retrato de una amistad fuerte que se dio con él.

¿Cambió tu perspectiva haciendo esta película?

Se me complejizó bastante… Siempre sentí que se mostraban unas islas inhóspitas, vacías, con pingüinos y nada más, a la gente casi no se la muestra. Y fui a buscar eso que no estaba y lo primero que encontré fue un lugar bellísimo. Y después interpretar el hecho de que no existen porque no se les puede dar voz, porque en la disputa de soberanía ellos no pueden participar porque nuestro reclamo es directamente con Gran Bretaña. Entiendo el porqué se plantea así el reclamo. Al conocerlos, entendí que es más complejo. Algunos están hace 200 años, con un arraigo muy grande. No soy especialista en Derecho Internacional ni historiador, me moví más por las cuestiones humanas. Y me llamó mucho la atención que ellos sabían lo que estaba pasando en la dictadura. Y tuvieron un miedo muy grande de ser desaparecidos, por ejemplo. Entonces todo se hace más complejo, y no volví con un blanco y negro. Qué significa la causa Malvinas, si es algo que se debería ampliar. Si vamos a hablar de soberanía económica, de soberanía cultural, con esto de la ley de tierras se está dando un paso a eso. No sé si fue causal del ambiente la bandera en el Mundial. Ojalá que las Malvinas se conviertan en algo que transmita soberanía más general, no solamente en esas tierras, porque si no puede quedar como un símbolo vacío…



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