Hay imágenes que explican una historia mejor que cualquier discurso. Una de ellas es la de la bandera del Club Amigos de la Montaña flameando en cada cumbre salteña, argentina o de algún lugar del mundo. Allá arriba, donde el viento no da tregua y el paisaje obliga a levantar la mirada, no solamente llegó un grupo de montañistas. Llegó también la memoria de una institución que durante décadas enseñó a generaciones de salteños a caminar, escalar y entender la montaña.

Para Fernando Quiñonez, actual presidente del Club Amigos de la Montaña (CAM), ese momento tuvo un significado especial. «Cuando colocamos la bandera en la cumbre recordamos a la familia, a los amigos del club y a todas las personas que nos ayudaron. Es una forma de homenajear a todos los que pasaron por el CAM y compartieron expediciones», contó.

Quiñonez asumió la presidencia en septiembre de 2025, luego del cambio de autoridades, y está al frente de una de las instituciones de montaña con mayor trayectoria de Salta y del país. Para él, el desafío no es menor. «Ser presidente del CAM es un gran orgullo, pero también una gran responsabilidad. Llevar adelante la gestión de este club, con una impronta personal pero acompañado por otros compañeros, representa un logro personal y también como montañista», sostuvo.

La frase tiene una explicación. El CAM no es simplemente un grupo de personas que se reúne para subir cerros. Es una institución que durante décadas formó montañistas y que convirtió la enseñanza en una de sus principales banderas. «Yo siempre digo que el CAM es una escuela de montaña. Acá se forman personas para que puedan desenvolverse con seguridad en el terreno de montaña. Se enseñan desde las destrezas más básicas hasta las más avanzadas», explicó Quiñonez.

Alta y media montaña, ciclismo de montaña, senderos y próximamente trail running forman parte de una propuesta que busca ampliar la llegada del club a nuevas generaciones. «Tenemos que seguir formando. Esa es la esencia del CAM. Queremos que la gente se acerque a la montaña, pero que lo haga con conocimiento, con responsabilidad y con seguridad», remarcó el presidente.

«Cuando uno llega a una cumbre piensa en muchas cosas. Piensa en los compañeros, en la familia, en los que estuvieron antes. Uno recuerda las expediciones, las personas que ya no están y también a quienes hicieron posible que el club llegue hasta acá», relató Quiñonez. La institución fue fundada en 1956 y construyó durante décadas una historia vinculada directamente con el montañismo salteño y nacional.

La naturaleza, los jóvenes y los desafíos que se vienen

En Campo Alegre, el Club Amigos de la Montaña tiene uno de sus mayores desafíos hacia el futuro: sostener y ampliar la Reserva Natural Privada, un espacio de unas 100 hectáreas que el CAM adquirió en 1991 y que hoy se convirtió en un proyecto de conservación y educación ambiental.

La respuesta de los jóvenes mostró que existe interés. Cuando se abrió la convocatoria para el programa de voluntariado, más de 150 personas se inscribieron en apenas dos días. Por cuestiones de organización y capacidad, finalmente fueron seleccionados 60 voluntarios, que participan en grupos de 12 durante jornadas de trabajo y formación dentro de la reserva.

«Tenemos que aprovechar esa energía. El desafío es formar una comunidad activa y diversa, donde puedan participar voluntarios, científicos, ciudadanos y empresas que quieran comprometerse con la conservación», sostuvo Quiñonez.

Para el presidente del CAM, Fernando Quiñonez, el futuro de la institución pasa por mantener la esencia del montañismo, pero también por asumir una responsabilidad cada vez mayor en el cuidado del ambiente.



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