Hace algunos años, una familia bastante particular eligió la azotea de un block del barrio Casino para instalarse, lejos del monte y muy cerca de la vida cotidiana de cientos de salteños citadinos. Se trata de jotes cabeza negra, esos pájaros enormes, de plumaje oscuro y aspecto poco amistoso, que suelen verse sobrevolando los cerros o merodeando por los basurales.

Vale la pena poner de relieve que los buitres viven de 20 a 30 años y más en libertad, aunque la cifra exacta cambia según la especie. Lo que sí es preciso es que se caracterizan por su longevidad.

Corría octubre de 2023 cuando El Tribuno contó la historia de aquellos visitantes inesperados. Por entonces, los vecinos calculaban que había media docena de ejemplares. Tres de ellos tenían nombres propios, estaban Chanchi, Sala y Tincho, que eran los más conocidos y que aún siguen afincados sobre calle Gonorasky. La familia creció y los pichones caminaban tranquilamente por las terrazas, como si fueran los verdaderos dueños o inquilinos del edificio.

Tres años después, la historia tiene un nuevo capítulo, la colonia de buitres continúa instalada en las azoteas de barrio Casino, frente al mismísimo Concejo Deliberante. Aquellos primeros visitantes parecen haber encontrado en los edificios del sur capitalino algo más que un sitio para descansar. Los techos se convirtieron en parte de su territorio urbano, en su hogar.

Abajo transcurre la vida de siempre, con vecinos que salen a trabajar, colectivos que circulan y chicos que van a la escuela. Arriba, sobre las terrazas, estas aves despliegan sus enormes alas, vigilan el horizonte y se toman la vida con una tranquilidad que contrasta con el movimiento de la ciudad.

Visitantes «permanentes»

En 2023, lo llamativo no era solamente su presencia, sino que habían conseguido reproducirse en plena ciudad. Los ejemplares adultos compartían el espacio con sus crías, una señal de que aquel lugar reunía condiciones favorables para su permanencia.

Ahora, el crecimiento de la colonia vuelve a poner la mirada sobre un fenómeno que despierta curiosidad. La explicación podría estar relacionada con dos cuestiones fundamentales, la altura de los edificios y la disponibilidad de alimento.

Los jotes son aves carroñeras y se sustentan de los restos de animales muertos y otras comidas orgánicas. Sin embargo, no hay elementos suficientes para asegurar que esa sea la causa concreta de su presencia en barrio Casino.

En aquella primera investigación, El Tribuno consultó a Javier Arias, conocedor de las aves e impulsor de su observación en Salta, quien explicó que la presencia de jotes en construcciones urbanas no constituye una rareza desde el punto de vista de su comportamiento.

Estas aves aprovechan las estructuras elevadas para descansar, observar el entorno y localizar posibles fuentes de alimentación. En ese sentido, las terrazas de los edificios pueden cumplir una función semejante a la de los paredones rocosos o las elevaciones naturales. Aunque su aspecto pueda resultar intimidante, los jotes desempeñan una tarea indispensable para el ambiente, eliminan animales muertos y contribuyen a reducir la acumulación de materia orgánica en descomposición.

Son, de alguna manera, los encargados de una limpieza que pocos animales están dispuestos a realizar. Su mala fama tiene más que ver con su apariencia y sus hábitos alimentarios que con el peligro que representan para las personas.

Lo que comenzó como una historia pintoresca de barrio terminó convirtiéndose en una muestra de cómo la fauna silvestre puede encontrar espacios para desarrollarse dentro de una ciudad.

En el Casino, su presencia forma parte de una postal que, años atrás, difícilmente alguien hubiera imaginado para un complejo de departamentos.

La colonia crece y con ella también las preguntas sobre su futuro. Por ahora, no existe un relevamiento actualizado que permita establecer cuántos ejemplares habitan las azoteas ni si todos pertenecen a la misma familia que comenzó a instalarse en 2023.

Lo cierto es que aquella historia de Chanchi, Sala y Tincho dejó una huella particular en el barrio. Los jotes encontraron un lugar en el paisaje urbano y recordaron que la naturaleza no siempre necesita pedir permiso para recuperar espacios.

Mientras los vecinos siguen con sus rutinas, arriba, sobre las azoteas de barrio Casino, los buitres continúan escribiendo su propia historia. Sin pagar alquiler, sin preocuparse por las expensas y con una de las mejores vistas de la zona sur.



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