El sábado a la noche, mientras el Estadio Padre Ernesto Martearena se preparaba para recibir a Tini y su espectáculo «Futttura», había un grupo de personas sentadas en los alrededores de la playa de estacionamiento. Sin entrada, pero con una fidelidad inquebrantable: venían a escuchar lo que pudieran desde afuera.
Entre ellas estaban Camila y Lourdes. Se conocieron en el trabajo, entraron juntas el mismo día y, cuatro años después, son inseparables. «Amigas, hermanas», se definen ellas mismas, casi al unísono.

Las dos son fanáticas de Tini desde la época de Violetta, y hay una canción que las une de manera especial: Tinta 90. «Es un sentimiento que nos une a Tini», explicó una de ellas. «Habla mucho del proceso que ella tuvo en su vida. Hay mucha gente que se siente identificada con eso.» Una canción que no es solo música, sino también espejo.
Esa noche estaban dispuestas a todo. «Por ella mato», lanzó Camila entre risas, sin un gramo de dudas. Sabían que probablemente no iban a ver nada, pero igual fueron. «Venimos a escucharla», dijeron.
Fue entonces cuando El Tribuno les hizo la pregunta que cambió la noche: ¿Qué pasa si les puedo regalar entradas? El silencio duró apenas un segundo. Después vinieron las lágrimas, los temblores y un «me muero» repetido con una intensidad que no dejaba lugar a dudas. «Estoy temblando», alcanzó a decir Camila mientras sostenía su entrada.

Camila, que confesó haber participado en todos los sorteos sin suerte, no podía creerlo. «¿Por qué tanta mala suerte?», había pensado tantas veces. Esa noche, la suerte finalmente llegó. Ambas entraron al Martearena, lloraron, se rieron y disfrutaron a la Triple T.



