El artista salteño falleció recientemente en su ciudad. Integró reconocidos conjuntos y dejó una huella profunda en espacios emblemáticos como el Boliche Balderrama y la peña Gauchos de Güemes. Un artista que dedicó gran parte de su vida al canto popular y que durante más de 50 años recorrió escenarios llevando su música dentro y fuera del país.
Nacido y profundamente ligado a Salta, Luna construyó una trayectoria marcada por el compromiso con el folclore y una presencia constante en espacios donde la música popular encuentra una de sus expresiones más genuinas: las peñas.
Durante décadas, su voz se convirtió en una referencia para quienes frecuentaron las noches del canto salteño. Fue uno de los artistas emblemáticos de las peñas de Salta, ámbitos donde forjó gran parte de su identidad artística y donde compartió incontables presentaciones con músicos, bailarines y amantes de la música popular.
Un extenso camino como solista
A lo largo de su carrera, Ramiro Luna desarrolló un extenso camino como solista, sosteniendo una propuesta artística propia durante muchos años. Sin embargo, también dejó una marca importante integrando reconocidas formaciones musicales.
En una etapa significativa de su recorrido fue la voz del conjunto de Perico Rioja y sus Changos Peñeros, agrupación con la que llevó su repertorio a distintos escenarios y consolidó aún más su presencia dentro del ambiente folclórico.

Con el paso del tiempo, y durante las últimas décadas, encontró un nuevo espacio artístico junto al «Mochilero» Rodríguez, con quien integró el dúo Los Salamanqueros. Ambos compartieron presentaciones y mantuvieron vigente una propuesta vinculada a las raíces del folclore regional.
Su nombre también quedó estrechamente ligado a dos escenarios emblemáticos de Salta. Durante gran parte de su carrera fue artista estable del denominado Templo del Folclore: el histórico Boliche Balderrama, lugar de encuentro de músicos, turistas y salteños donde cada noche la música tradicional encuentra un espacio de permanencia.
Además, formó parte de la peña Gauchos de Güemes, otro de los espacios tradicionales donde desplegó su repertorio y mantuvo un contacto permanente con el público.
Sus cuerdas vocales trascendieron fronteras
La música de Ramiro Luna no quedó solamente en la provincia ni en la Argentina. Sus cuerdas vocales trascendieron fronteras y llegaron a distintos países de Sudamérica y Europa. Uno de los hitos más importantes de su carrera artística fue su estadía en Palma de Mallorca, España, donde llegó a instalarse durante un tiempo llevando su música y su repertorio a nuevos escenarios.
También llevó su canto a Chile, Bolivia, Paraguay, Brasil y Uruguay, países donde pudo compartir parte del repertorio folclórico argentino y, especialmente, de la identidad musical salteña.
Detrás del artista también hubo una familia que lo acompañó durante toda su vida. A su lado estuvo siempre Silvia, a quien quienes lo conocieron identificaban como un pilar fundamental en su recorrido personal y artístico.
Fruto de esa relación nacieron sus hijas Carola, Lorena —actualmente radicada en España— y Maqui, quien falleció en 2025.
La música también tuvo continuidad familiar. Carola siguió el camino artístico y actualmente se dedica al canto y la música bajo el seudónimo de Carola de Salta.
Ramiro Luna también deja una extensa familia compuesta por sus nietos Candelaria, Nazarena, Enzo, Santiago, Miguel, Marietta, Manuel, Sophia, Maia, Sol, Irene, Eduardo, Ernesto, Lucas y Fernando; además de su bisnieta, Luna.
Su partida deja un vacío entre quienes compartieron escenarios, noches de peña y años de música popular. Durante más de medio siglo, Ramiro Luna sostuvo un vínculo permanente con el folclore y con el público, construyendo una trayectoria ligada a algunos de los espacios más representativos de la cultura popular salteña.






