Miles de peregrinos, caminando o a bordo de sus bicicletas, recorrieron 400 kilómetros desde la frontera con Bolivia —365 desde Tartagal o 300 desde Embarcación— durante dos semanas, en el caso de los caminantes, y cinco días, en el caso de los ciclistas, por la ruta nacional 34.

Durante el fin de semana largo se sumaron cientos de automovilistas que, desde el departamento San Martín, querían llegar a la festividad católica más convocante del norte argentino.

El resultado fue un colapso total en el tramo norte de la ruta nacional 34 por diversas razones.

Medidas necesarias para evitar cualquier imprevisto

Los contingentes que cada año llegan desde el norte a la capital de la provincia, movidos por la fe y la devoción más auténtica, enfrentan dos semanas de intenso calor, con algunas jornadas en las que la sensación térmica supera los 40 grados, días de lluvias, en ocasiones vientos y otros más fríos, como sucedió este año.

A su lado, y mientras afrontan el agotamiento propio de la travesía, circulan cientos de camiones, ómnibus y vehículos particulares por una ruta nacional que conecta a la Argentina con Bolivia y Paraguay.

Se trata de un corredor vial que se encuentra destruido desde la frontera con Bolivia hasta Pichanal, en un tramo de 130 kilómetros que debería ser para el olvido, pero que los peregrinos y automovilistas deben enfrentar día tras día como la única opción que comunica al norte con el resto de la provincia y del país.

Para un automovilista, atravesar un contingente de 200 ciclistas que transitan juntos representa un riesgo inminente.

“Se forma una fila de 20 o 30 vehículos. El que va adelante se larga por el carril contrario, nosotros todos por atrás y, si de frente vienen otros y no tenemos tiempo, nos tiramos a la banquina. La cuestión es llegar a la rotonda de Torzalito después de transitar por casi siete horas, cuando en circunstancias normales ir desde Tartagal a la ciudad de Salta no te lleva más de cuatro horas y media”, explicó un automovilista que suele hacer el trayecto con frecuencia.

Técnico en Seguridad Andrés Montes

En el tramo salteño del norte, al pésimo estado de la ruta se suma la falta de banquinas, que en Jujuy están mucho más despejadas y mantenidas. De todos modos, las maniobras de los automovilistas que van y vienen son de riesgo total.

Esta situación se repite durante varios días porque los contingentes parten desde Salvador Mazza, Tartagal, Aguaray, las poblaciones de la ruta 81, Embarcación y varias localidades del departamento Orán, a los que también se suman peregrinos de Jujuy.

Son prácticamente dos semanas de ver peregrinos sobre la ruta nacional 34.

Una posible solución

Andrés Montes es técnico en seguridad, con especialidad en temas viales, y, como a cientos de norteños, durante el fin de semana largo le tocó hacer el trayecto de 365 kilómetros desde Tartagal hasta la capital de la provincia.

“Una situación de mucho estrés, de riesgo y, como creyente que soy, al llegar a la ciudad le di las gracias al Señor y a la Virgen del Milagro. Ningún tartagalense, ningún mosconense, dejamos de admirar la voluntad y la fuerza de los peregrinos de caminar dos semanas enteras con todo lo que eso significa, especialmente en desgaste físico y hasta emocional”, señaló.

Montes destacó la organización y planificación de los biciperegrinos que circulan con un vehículo guía señalizado y con sirena, todos con el equipamiento completo y chalecos refractarios, acompañados durante todo el trayecto por personal policial y con otro vehículo que cierra el grupo, ubicado al final.

“Algo similar sucede con la gente que va caminando, pero estoy convencido de que, por la seguridad de esas miles de personas, los organismos que tienen competencia sobre las rutas, tanto nacionales como provinciales, tienen que tomar cartas en el asunto por un tema de prevención que es fundamental para que esta experiencia, a la que cada año se suma más gente, sea eso y que no tengamos que lamentar absolutamente nada”, sostuvo.

Montes recordó que “años atrás, para evitar accidentes, darle prioridad a los vehículos particulares y más seguridad a todo aquel que transitaba una ruta con fines turísticos, durante los feriados largos o extralargos se adoptó la medida de restringir el tránsito de camiones y de unidades de transporte pesado”.

“Los que tienen que tomar intervención en este tema es la Agencia Nacional de Seguridad Vial porque de ellos dependen las rutas nacionales, algo que no sucedió prácticamente nunca, al menos que yo tenga conocimiento, desde que las peregrinaciones desde el departamento San Martín comenzaron a realizarse de forma masiva, hace por lo menos una década”, agregó.

Montes agregó que “particularmente en la celebración del Milagro se incluyen las caminatas también por rutas provinciales, porque de pueblos y ciudades parten estos peregrinos”.

“Por eso es necesaria la intervención de la Subsecretaría de Seguridad Vial, que depende del Gobierno de la provincia de Salta. Pero además tenemos que la ruta nacional 34 atraviesa Jujuy, por tanto, es muy necesario darle intervención al organismo competente de esa provincia”, planteó.

Un cuello de botella de cientos de kilómetros

Montes explicó que, a su entender, quienes llevan el mayor riesgo en sus caminatas o traslados “son los peregrinos que transitan desde el norte por la ruta nacional 34”, por varias razones.

“Las imágenes de quienes vienen desde La Puna son absolutamente atractivas por el entorno geográfico, pero los riesgos son mínimos comparados con los que transitan del norte porque, a pesar del crecimiento de la actividad minera en la región de La Puna, la cantidad de unidades no tiene punto de comparación con la 34”, explicó.

“Cada jornada los peregrinos del norte avanzan por un tramo de una ruta nacional con conexiones con otros dos países limítrofes, lo que aumenta el flujo de los grandes camiones”, agregó.

Desde el punto de vista de la seguridad vial, Montes sostuvo que “la ruta 34 tampoco es lo mismo desde la rotonda de Torzalito hacia el sur, ni es lo mismo la ruta 9 como tampoco la autopista de ingreso a la ciudad de Salta”.

“En esos puntos, de una u otra manera, los peregrinos y los automovilistas pueden transitar con más opciones en materia de seguridad, pero el norte es una especie de cuello de botella de un enorme riesgo”, afirmó.

Para Montes, “tomando en cuenta todos estos factores, es necesario, entre los organismos nacionales y de las dos provincias, articular un plan para que disminuya el tránsito pesado y para adoptar todas las medidas de prevención”.

“No se puede delegar desde el Estado la responsabilidad en los peregrinos o en las iglesias desde donde ellos partan porque es un tema complejo, de diferentes competencias estatales, que los excede de manera absoluta”, sostuvo.

Finalmente, Montes señaló: “Reitero que, como salteños, tenemos que dar gracias a nuestros patrones tutelares que solo se haya producido un evento en la zona de General Güemes, donde un motociclista atropelló a cinco peregrinos, que por supuesto es lamentable, pero como balance total realmente resulta mínimo comparado con la envergadura del desplazamiento de miles de personas”.



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