Carlos «Cacho» Royano presentó una obra construida a partir de relatos, anécdotas y vivencias de un Cafayate primitivo. El libro recupera historias de familias, personajes, instituciones, costumbres y tradiciones que forman parte de la identidad del pueblo.
Cafayate tiene una nueva obra dedicada a preservar su memoria colectiva. Se trata de «El Pueblo de Cacho. Relatos de un Cafayate Primitivo», el libro escrito por Carlos «Cacho» Royano, quien con sus 90 años, reunió en sus páginas recuerdos y relatos de una época que quedó grabada en la historia del pueblo vallisto.
El recuerdo
«La obra nació a partir de la necesidad de rescatar esas historias que permanecían en mi memoria. A través de entrevistas y conversaciones, fuí reconstruyendo escenas del Cafayate de otros tiempos, con sus habitantes, sus espacios de encuentros, sus instituciones y las costumbres de una comunidad que fue cambiando con los años», resaltó don Cacho.
El prólogo del libro cuenta que el proyecto comenzó cuando, desde el área de Cultura, surgió la necesidad de conservar los relatos de Royano sobre aquel «Cafayate Primitivo», un pueblo donde estaban presentes las historias de sus antiguos habitantes y las raíces de la comunidad que hoy conocemos.
«El trabajo de recopilación incluyó recorridos por distintos sectores de Cafayate. Durante esas caminatas, fuí contando qué familia vivía en cada lugar, cómo era la vida de antes y cuáles eran los espacios que formaban parte de la cotidianeidad del pueblo», dijo.
Entre los recuerdos aparecen referencias a la Municipalidad, los ramos generales, la fuente, el viejo cine, las escuelas, los clubes de fútbol, Vialidad, y distintos lugares que formaron parte de la vida social de Cafayate.
«La obra es presentada como un tejido de historias sobre una sociedad que ya no está de la misma manera, pero que permanece a través de la memoria, la nostalgia, los valores, la cultura y los vínculos entre sus habitantes», destacó Royano.
Su vida
Carlos «Cacho» Royano nació en Cafayate en la década del 30. Según la reseña incluida en el libro, allí transcurrieron sus primeros años, rodeado de sensaciones e imágenes que quedaron grabadas en su memoria por ser, como se describe en la publicación, «un digno hijo del pueblo».
Realizó sus estudios en la Escuela Facundo de Zuviría y en la Escuela Nicolás Avellaneda de Finca La Rosa. Durante su juventud se trasladó a Salta capital, donde conoció a Isabel Espinosa, con quien formó una familia integrada por cuatro hijos, once nietos y dos bisnietos.
Su vida también estuvo ligada a la comunidad cafayateña fuera del pueblo. En Salta capital participó del Centro de Residentes Cafayateños, institución en la que ocupó la presidencia durante los años 70. A pesar de vivir en la capital provincial, nunca perdió el vínculo con su lugar de origen. «Cada verano regresaba a Cafayate para visitar a mis familiares y amigos, mientras continuaba recopilando anécdotas y relatos con la idea de mantener vivo el recuerdo del «Gigante Dormido», como se menciona en la obra», añadió.
Tras su jubilación retomó una participación activa en actividades culturales. Formó parte de encuentros literarios, tertulias, actividades teatrales, encuentros musicales y oficios religiosos. También fue panelista del programa de Radio Cafayate, donde compartía historias sobre su pueblo y sobre aquel Cafayate primitivo que forma parte del eje central de su libro.
Además, participó en la edición colectiva «El Valle en Relatos», coordinada por Mary Cabezas, junto al Grupo Taller de Relatos 2025 «Rienda suelta a la creatividad». También integró el Taller Literario Biblioteca Avellaneda de Cafayate. En 2019 fue reconocido como Personalidad Destacada del Deporte por la Municipalidad de Cafayate.
La publicación incluye agradecimientos a quienes acompañaron el proceso de edición, entre ellos la licenciada Rosita Aybar y su equipo de trabajo de la Secretaría de Cultura de Cafayate 2025. También menciona a vecinos como Pedro Vázquez (don Vazner Castilla), Hugo Guantay, Isabel Torres y Marta Cabezas, además de FM Radio Cafayate y familiares que acompañaron la construcción del libro.
Royano dedica la obra a sus hijos: Teresita, Lili, Carlos y Jorge, y recuerda también a su esposa Chavela, a sus padres don Martín Royano y doña María Espíritu Cansino, y a sus hermanos Beto, Hermógenes, Rómulo, Papa, Juan, Caretina y Elva, con quienes compartió momentos de su Cafayate natal.
Uno de los capítulos del libro está dedicado a la historia de la Serenata a Cafayate y sus primeros años. «En el Cafayate de aquellos tiempos se realizaban guitarreadas en la plaza durante la noche. De esos encuentros musicales y de la costumbre de cantar y compartir entre vecinos surgió la idea de crear una fiesta para agradecer al pueblo por la cosecha en las fincas. Así nació, en 1974, la primera Serenata a Cafayate. El primer encuentro se realizó en una plaza ubicada en la esquina de Mitre y San Martín, donde actualmente funciona el Banco Macro. Entre los impulsores mencionados aparecen: Arnaldo Etchart, César Perdiguero, Julio César Ullivarri y Julio Mauri. Aquella primera edición reunió a músicos locales como Rigal Ríos, Hugo Guantay, José y Ramón Liendro y «Quiquinito». También participaron artistas salteños como «Chañarcito», Martín Bustamante, Víctor Ruiz, entre otros», resaltó Royano.
Al año siguiente, Arnaldo Etchart donó la Bodega Encantada y desde entonces la Serenata comenzó a realizarse allí.
«El Pueblo de Cacho. Relatos de un Cafayate Primitivo» busca conservar historias que forman parte del patrimonio cultural de Cafayate. A través de la voz de Carlos «Cacho» Royano, el libro recupera personajes, lugares y momentos de una comunidad que cambió con el paso del tiempo, pero que mantiene viva su identidad a través de sus recuerdos.







