Santa Victoria Este, departamento Rivadavia, celebró sus fiestas patronales en honor a la Virgen de la Victoria, una de las manifestaciones religiosas y comunitarias más significativas del Chaco salteño, .

Las familias del pueblo y de los parajes cercanos compartieron sus tradiciones, renovaron sus esperanzas y reafirmaron ese sentido de pertenencia que se mantiene vivo a pesar de las distancias y las dificultades.

Las actividades religiosas incluyeron el rezo de la novena, la misa central y la tradicional procesión con la imagen de la Virgen. También hubo comuniones en la parroquia, uno de los momentos especiales de la celebración para los niños y sus familias.

La festividad, que coincide con el día de Nuestra Señora del Rosario, advocación históricamente vinculada con la Virgen de las Victorias, conserva un profundo significado espiritual para los habitantes de esa región.

Una fe que camina junto al pueblo

En el marco de las celebraciones, el sacerdote franciscano Fray Martín Caserta compartió una reflexión que puso el acento en el verdadero sentido de la fe y en la necesidad de mantener una Iglesia cercana a las realidades de las distintas comunidades.

Bajo una consigna tan sencilla como profunda, «Caminar con los pies en la tierra y el corazón en el pueblo», el religioso destacó que la fiesta patronal volvió a reunir a la comunidad alrededor de una esperanza compartida. «La fiesta de la Virgen de la Victoria nos volvió a convocar a caminar juntos por los caminos del Chaco salteño«, expresó.

Sus palabras fueron también una invitación a mirar más allá de la celebración y reconocer las dificultades que atraviesan diariamente numerosas familias de la región. «Una fe que nos reúne como pueblo, nos hace comunidad y nos da fuerzas para atravesar las injusticias y los dolores de cada día«, señaló Caserta.

El sacerdote remarcó que, en medio de tantas heridas, la esperanza en Jesús Resucitado es la que moviliza a niños, jóvenes y adultos para continuar caminando juntos.

Una Iglesia de puertas abiertas

La fiesta patronal también dejó un mensaje sobre el compromiso social de la Iglesia en una región donde las distancias, las necesidades y las desigualdades forman parte de la vida cotidiana. «Queremos ser una Iglesia de puertas abiertas para recibir a los heridos y siempre en salida para encontrarnos con quienes viven en las periferias», sostuvo el franciscano.

La reflexión recuperó así una dimensión profundamente humana de la devoción mariana: la fe entendida no solamente como una expresión religiosa, sino también como una forma de acompañamiento, solidaridad y compromiso con quienes atraviesan situaciones difíciles. «Porque caminar con María es también caminar con nuestro pueblo, compartir sus dolores, abrazar sus esperanzas y comprometernos con sus luchas», expresó Fray Martín Caserta.

La esperanza que se renueva cada octubre

Junto con las ceremonias religiosas, los encuentros comunitarios, los festivales folclóricos y los desfiles tradicionales contribuyen a mantener vivas las costumbres de una región donde las celebraciones populares tienen un fuerte arraigo.

En ese contexto, la Virgen de la Victoria sigue siendo un símbolo de unión para las familias que encuentran en su devoción un espacio de encuentro y una manera de sostener la esperanza frente a las dificultades.

Al finalizar su reflexión, Fray Martín Caserta dejó un mensaje que resume el espíritu de la celebración y el compromiso que propone para la vida cotidiana de las comunidades. «¡Que la Virgen de la Victoria nos ayude a seguir caminando juntos, sin perder nunca la ternura ni la esperanza!».



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