Hace aproximadamente un mes, dos conocidos actores argentinos, Luis Brandoni y Eduardo Blanco, protagonizaron la última película de Juan José Campanela: «Parque Lezama». El film, que transcurre en este conocido paseo de la ciudad de Buenos Aires, puso de nuevo en valor lo que originalmente fue un parque privado que fundó un salteño hace 169 años.

Aquel comprovinciano fue don José Gregorio Lezama quien en 1857 adquirió ese solar y una mansión que por entonces se conocía como la «Quinta de los Ingleses», predio que hizo cultivar, ornamentar y parquizar con el paisajista belga Charles Vereecke. De esa época dataría la presencia de algunas especies arbóreas de su provincia natal, como yuchanes (palo borracho), lapachos, jacarandaes (tarco), tipas y cedros. Pero además de hermosear el lugar, remodeló la vieja mansión donde luego recibió a numerosas personalidades de la época, entre ellas al General Justo José de Urquiza que lo visitó cuando en 1860 anduvo por Buenos Aires. Más tarde, su lujosa casona sirvió de refugio a varias familias cuando el flagelo del cólera azotó la ciudad y gran parte del país, entre los años 1867-1874.

Donación

Luego que Lezama falleciera en la Capital Federal el 22 de julio de 1889, su viuda, doña Angela Alzaga de Lezama, cumpliendo un deseo de su esposo, vendió el parque de su propiedad a la Municipalidad de Buenos Aires por un valor simbólico pero bajo dos condiciones: que fuera un paseo público y que llevase el nombre de su esposo, lo que le fue aceptado. Y así fue que en 1896 la comuna de la Capital Federal lo inauguró luego de su rediseño concretado por el conocido paisajista francés Charles Thays. Al año siguiente, el gobierno nacional dispuso que la exmansión de Lezama fuese sede del Museo Histórico Nacional, institución que hasta hace pocos meses fue custodio del sable corbo del General José de San Martín.

Lezama

Según datos aportados por el escritor Fernando Figueroa en su «Diccionario Biográfico de Salteños», José Gregorio de Lezama y Quiñones, había nacido en Salta en 1802 y eran sus padres Francisco Asencio de Lezama y Ursula Quiñones. Cursó sus primeros estudios en nuestra ciudad y por su hermana Isabel Lezama y Quiñones, era cuñado de Facundo de Zuviria.

Siendo muy joven, José Gregorio resolvió probar fortuna en Buenos Aires, ciudad que según cuentan, lo atraía como un imán. Y allá fue dispuesto a trabajar día y noche para tratar de consolidar con el tiempo una acomodada situación económica. Con el paso de los años y con mucho esfuerzo logró lo que se había propuesto: consolidar una gran fortuna, lo que le permitió adquirir estancias e inmuebles de gran valor, incluso ubicados en jurisdicción de la mismísima Capital Federal. Su excelente posición económica mejoró aun más cuando se transformó en proveedor del Ejercito Nacional durante la Guerra del Paraguay (1864-1870).

Historia del predio

Según algunos historiadores, las aproximadamente ocho hectáreas del parque están ubicadas en el lugar que antiguamente llamaban «Puntas de Buenos Aires» y donde don Pedro de Mendoza habría realizado la primera fundación de esa ciudad en 1536. Esta tesis es bastante cuestionada ya que según estudios e investigaciones realizadas hace poco tiempo, en el lugar no se pudieron localizar elementos que confirmaran aquel acto fundacional. De todos modos el parque cobija el monumento a don Pedro de Mendoza, inaugurado el 23 de junio de 1937.

Tiempo después, estos terrenos fueron asignados por Juan de Garay a don Pedro Alonso de Vera y Aragón, conquistador español arribado del Alto Perú y que participó de la segunda fundación de Buenos Aires (11.06.1580). De todos modos hay que señalar que esos predios siempre estuvieron fuera del trazado original del casco urbano de la ciudad y se conocieron hasta aproximadamente 1750 como la Punta de Santa Catalina.

Hacia fines del XVIII, estas tierras pasaron a ser ocupadas por la Compañía de las Filipinas que se dedicaba al tráfico de esclavos que se traían desde el Africa. Y más tarde, sucesivamente pasaron por manos de Manuel Gallego y Valcárcel en 1802, del irlandés Daniel Mackinlay en 1812 y del inglés Charles Ridgley Horne, quien a partir de 1846 amplió la superficie original y construyó una mansión. Como por muchos años allí flameó el pabellón británico, el lugar fue conocido como la «Quinta de los Ingleses» y, cuando en 1852 Juan Manuel de Rosas cayó derrotado en Caseros, el inglés que era rosista, debió exiliarse en Montevideo. Luego de ello el solar fue expropiado, permaneciendo prácticamente abandonado hasta que en el año 1857 fue adquirido por nuestro comprovinciano José Gregorio de Lezama.

El parque y la cultura

El Parque Lezama es citado en varias obras que son parte del patrimonio de la cultura nacional. En el siglo XX fue escenario de la novela «Sobre héroes y tumbas» (1961) de Ernesto Sábato; en tanto Raúl González Tuñón describe el paseo con el poema «A la sombra del Parque Lezama».

Jorge Luis Borges fue otro enamorado de este paseo porteño. Confesó que allí fue el escenario de su amor frustrado con la escritora y traductora Estela Canto. Por «sus senderos –cuenta- solían hacer largas caminatas, se sentaban en las escalinatas del anfiteatro, frente a la Iglesia Rusa».

Por su parte Estela Canto publicó en «Borges a contraluz» las cartas que su enamorado le escribía. En una de esas misivas él le cuenta: «A pesar de dos noches y un minucioso día sin verte (casi lloré al doblar ayer por el Parque Lezama), te escribo con alguna alegría…». Finalmente, en su cuento El Aleph, dedicado a Estela Canto, Borges, vuelve a citar ese paseo.

«La lección de dos gigantes»

Pero quizás uno de los hechos más significativos es que el Parque Lezama fue testigo de la reconciliación de dos grandes personalidades de la literatura nacional: Borges y Sábato. Hacía dos décadas que se habían enemistado por razones políticas. El encuentro ocurrió en el verano de 1975.

El periodista Alfredo Serra en la introducción de una nota que titulo «El día que Borges y Sábato se sentaron a conversar» dice: «Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato. Amigos alguna vez, llevaban dos décadas de franca enemistad por razones políticas. Una charla de café, un martes del verano de 1975, encontró reconciliados a estos ídolos de la literatura argentina». El citado periodista definió a este encuentro como «La lección de dos gigantes».

El paseo está ubicado en el barrio San Telmo. Se caracteriza por sus calles y avenidas con más de trescientos árboles, muchos de ellos provenientes del noroeste argentino. Su barranca marca el antiguo margen del Río de la Plata y está surcada por senderos rústicos que sirven para alcanzar los elegantes miradores que alguna vez sirvieron para apreciar el río.



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