En el aniversario de la Batalla de Rosario de Lerma, no solo se conmemoró una gesta histórica, sino que se libró otra. Sin uniformes, pero con discursos afilados. Sin pólvora, pero con una carga política que dejó al descubierto la tensión que atraviesa hoy Salta.
Arriba del palco, entre las autoridades invitadas, el ministro de Gobierno, Ignacio Jarsún, trazó un diagnóstico duro, casi desesperado: “Es el peor momento para ser gobernador o intendente”, lanzó, describiendo una provincia asfixiada por la caída del consumo, el derrumbe de la recaudación y una coparticipación en picada. Su mensaje fue claro: la crisis no es abstracta, se traduce en municipios ahogados, obras paralizadas y un Estado Nacional que ya no puede contenerlo todo.
Mientras tanto, abajo, entre la gente y rodeado de dirigentes libertarios, el senador provincial por LLA, Roque Cornejo, construía un relato diametralmente opuesto. Según él, no hay abandono, sino un “récord histórico” de obras nacionales en la provincia. Tampoco hay ahogo financiero, sino asistencia: “Salta es una de las provincias que más recibe”, afirmó, y acusó al gobierno provincial de “difundir mentiras”.
El grito del oficialismo: crisis, ajuste y abandono
Jarsún no se guardó nada. “La provincia no solo sufre la recesión, sino que además carga con responsabilidades que antes eran nacionales: medicamentos, transporte, incentivo docente, seguridad en frontera. Todo, recae ahora sobre las arcas provinciales. Los municipios están al límite y hasta pagar sueldos y aguinaldos empieza a ser un desafío. La postal es cruda: comercios cerrando, y desempleo en aumento”, señaló.
Y lanzó un dato que encendió las alarmas: “Hay obras paralizadas por falta de pago nacional, incluso aquellas financiadas por organismos internacionales. El dinero llega a Nación, pero no se paga”, denunció, una frase que resonó como una acusación directa.
La contra libertaria: “Es mentira”
Cornejo eligió otro tono, pero igual de contundente. No matizó: desmintió de plano al Gobierno provincial. Habló de rutas reactivadas, infraestructura en marcha y asistencia récord desde Nación.
“El problema no es la falta de recursos, sino el relato. El gobierno de Gustavo Sáenz construye un discurso victimista que no se condice con los números”, declaró. Incluso fue más allá: defendió la política económica del presidente Javier Milei, asegurando que la inflación está cediendo y que las bases para la reactivación ya están en marcha, con reformas estructurales como el RIGI y la Ley de Bases.
La imagen fue más elocuente que cualquier declaración. En el palco, el oficialismo con tono institucional, preocupado, casi en modo gestión de crisis. Abajo, entre la gente, los libertarios militando un mensaje optimista, confrontativo y sin medias tintas. Dos miradas irreconciliables conviviendo en el mismo acto, como si se tratara de dos provincias distintas.
Lo que se puso en evidencia no fue sólo una discusión técnica sobre números o transferencias, sino una disputa de fondo sobre el sentido de la crisis. Para unos, hay ajuste, recorte y abandono; para otros, hay orden, inversión y reconstrucción. En el medio, municipios como Rosario de Lerma aparecen como el eslabón más débil, atrapados entre la caída de recursos y una demanda social que no se detiene.
Así, la conmemoración de una batalla histórica terminó dejando al descubierto otra, mucho más actual: la pelea por imponer el relato en una provincia que intenta sostener el equilibrio entre una relación política que se declara madura con la Nación y una realidad que, según quien la cuente, está al borde o en plena recuperación.






