Dino Salas fue un hombre distinto. Un wichi visionario, caracterizado por la sabiduría y la paciencia, dos condiciones de las que pocos pueden presumir. Su fuego se apagó este sábado a causa de una penosa enfermedad que lo sorprendió hace apenas dos meses, pero su mundo seguirá ardiendo con el ímpetu que le puso al sueño de ser el cacique de una comunidad próspera, donde el trabajo generara dignidad.
Gracias a su talento natural por el progreso, a la tenacidad de su espíritu indio, a su amor por la tierra y por su gente, las 45 familias de San Ignacio de Loyola, en Hickman, cuentan hoy una historia diferente a la de otras comunidades wichis donde impera la indigencia y el olvido.
La comunidad liderada por este hombre cuenta una historia real de trabajo y de éxito. El creyó en la capacidad de su comunidad, en la fuerza del deseo de una vida mejor y no dudó en intentarlo, desafiando las críticas y las negras profecías de los incrédulos. Es que Salas escuchó las voces indicadas, entendió todo cuando el Taller Textil Lhaka era apenas una idea, confió y trabajó muy duro para dejar esta huella pionera.
El documento de identidad de Dino dice que nació el 25 de agosto de 1963 en Hickman, Embarcación; pero los que realmente saben de su vida aseguran que lo anotaron tarde en el registro civil, y que le dieron el DNI cuando ya era un niño, por lo que calculan que tendría unos 70 años.
Esposo y padre de nueve hijos, este cacique norteño se lleva de este mundo la admiración y la gratitud de mucha gente. Porque liderar con el ejemplo parece ser la clave para obtener el respeto al que se aspira. Y Dino Salas fue amado y respetado por propios y ajenos.
La muerte, que a diario nos acecha, lo sorprendió sediento todavía, ejerciendo la alegría de crear, siendo sostén y consejero de su comunidad. Dino Salas se apagó, cuando aún estaba encendido.
Desde el Taller Textil Lhaka, quisieron expresar el quebranto por esta pérdida irreparable: «Con profundo dolor despedimos a Dino Salas, cacique de la comunidad y una de las personas que, junto a Aldo Navilli, sembró una convicción que cambió vidas: que el trabajo y la organización podían abrir un camino de dignidad para muchas familias.
Dino fue parte fundamental del proyecto Lhaka. Con compromiso, valentía y un profundo amor por su comunidad, ayudó a sostener y construir una transformación que hoy se ve en cada avance logrado, en cada familia que pudo crecer a través del trabajo y en cada persona que volvió a creer en su propio futuro.
Pero al mismo tiempo que lo despedimos, honramos profundamente su vida, su huella, su camino, su fuerza, su valentía, su confianza, su determinación, su picardía y su enorme capacidad para pensar lo mejor para su comunidad. Dino deja una marca profunda en su gente, en su familia que tanto lo ama, y en todos los que compartieron su camino.
Fue también un ejemplo para otras comunidades: una manera de liderar con mirada de largo plazo, con visión de futuro y con la decisión de apostar por un camino más difícil, pero infinitamente más noble, digno e inspirador. Un camino basado en el esfuerzo y el trabajo. Agradecemos profundamente todo su aporte al progreso y al desarrollo de las comunidades, y el enorme esfuerzo que puso para abrir y sostener este camino. Gracias, Dino Salas, por tu paso, por tu huella, por tus aspiraciones altas y por tu trabajo.
Acompañamos con muchísimo cariño y respeto a su familia, a sus seres queridos y a toda la comunidad en este momento tan importante. Que descanse en paz».






