El 21 de mayo se cumplió un nuevo aniversario de la inauguración de la Fuente de las Nereidas, la emblemática obra de la escultora salteña Lola Mora que desde 1903 forma parte del patrimonio artístico y cultural argentino. A 123 años de aquel acontecimiento, la pieza continúa siendo símbolo de libertad creativa, innovación estética y del talento de una artista nacida en El Tala que desafió los límites sociales y culturales de su época.

La fuente fue inaugurada el 21 de mayo de 1903 en la Ciudad de Buenos Aires y concebida por Dolores Candelaria Mora Vega, conocida mundialmente como Lola Mora, considerada la primera escultora argentina y latinoamericana. Nacida el 17 de noviembre de 1866 en la finca Las Moras, hoy El Dátil, en El Tala, departamento La Candelaria, desarrolló una trayectoria excepcional que trascendió el ámbito artístico para convertirla en una figura adelantada a su tiempo.

Pintora, escultora, urbanista, investigadora, inventora y precursora de la cinematografía a color, Lola Mora abrió caminos inéditos para las mujeres de fines del siglo XIX y comienzos del XX. En 1896 obtuvo una beca presidencial para perfeccionarse en Italia, donde se formó en Roma junto a destacados maestros europeos y alcanzó reconocimiento internacional antes de regresar a la Argentina con los bocetos de los relieves para la Casa Histórica de Tucumán y el proyecto de la Fuente de las Nereidas.

La monumental escultura representa el nacimiento de Venus, diosa del amor y la belleza, acompañada por nereidas y tritones en una composición inspirada en la mitología griega. Realizada íntegramente en mármol blanco de Carrara, la obra pesa alrededor de 120 toneladas y posee una imponente estructura de 13 metros de diámetro y 6 metros de altura. Su despliegue artístico y el tratamiento del desnudo humano generaron un fuerte impacto cultural en la sociedad de la época.

La propuesta original de emplazar la fuente frente a la Catedral Metropolitana provocó el rechazo de sectores conservadores, que cuestionaron la desnudez de las figuras. Años más tarde, la obra fue trasladada a su ubicación actual en Costanera Sur. Frente a las críticas, Lola Mora sostuvo con firmeza la dimensión estética y espiritual del arte, defendiendo el desnudo humano como una de las expresiones más elevadas de la belleza y la naturaleza.

El profesor Antonio Sorich, presidente de la Comisión Interprovincial de Homenaje a Lola Mora, señaló que la trascendencia de la artista salteña supera cualquier mirada localista, ya que su figura ocupa un lugar central en la historia cultural argentina y latinoamericana. Destacó además que la Fuente de las Nereidas representa una afirmación de libertad creativa y el triunfo del arte frente a los prejuicios de una época que no estaba preparada para comprender plenamente su audacia estética.

En 1997, mediante decreto nacional, la obra fue declarada Bien de Interés Histórico y Artístico, consolidando el reconocimiento oficial a una pieza que hoy integra el patrimonio cultural argentino. En 2003, durante el centenario de su inauguración, se realizaron homenajes y acciones de puesta en valor que reafirmaron la vigencia de una creadora cuya obra continúa inspirando nuevas generaciones.

La huella de Lola Mora permanece profundamente ligada a Salta. Fue promotora del actual Museo Provincial de Bellas Artes que lleva su nombre, autora de importantes esculturas públicas y protagonista de iniciativas culturales y educativas en la provincia. También supervisó en París el fundido en bronce de las figuras del Monumento a la Victoria de la Batalla de Salta y, junto a Benita Campos, impulsó acciones de forestación y arte en la Escuela Normal General Manuel Belgrano.

Caminar hacia la fuente en la Costanera Sur es volver lentamente al pasado. En la plazoleta homónima, situada en la calle Padre Migone y la Avenida Tristán Achával Rodríguez, aparece uno de los monumentos más bellos de la Ciudad de Buenos Aires. La historia, el mito y la mujer se entremezclan en este formidable conjunto de mármol de Carrara que se alza majestuoso al borde del Río de la Plata.

Durante su formación, Lola Mora superó múltiples obstáculos. Tras la muerte de sus padres en 1891 y la suspensión de su pensión para estudiar en Roma, logró continuar su carrera gracias al apoyo de amigos y la colonia española en Italia. Su talento fue rápidamente reconocido en la aristocracia romana y su fama se expandió hasta Buenos Aires, donde recibió encargos oficiales para la Casa de Tucumán y presentó los bocetos de la Fuente de las Nereidas al entonces intendente Adolfo Bullrich.

Lola trabajó durante semanas en un taller improvisado en plena vía pública, rodeada de mármoles y operarios, mientras transeúntes observaban su proceso creativo. La inauguración contó con la presencia del intendente Alberto Casares y del ministro del Interior Joaquín V. González, destacando la ausencia de mujeres en el evento y la presión de sectores conservadores que obligaron años después a trasladar la obra a la Costanera Sur.

La Fuente de las Nereidas, realizada en mármol de Carrara y granito rosado, muestra a tritones desnudos que guían caballos encabritados, y a las nereidas que sostienen a Venus en un equilibrio casi imposible, siguiendo una estructura piramidal renacentista. La audacia estética y el virtuosismo técnico de Lola Mora hicieron de esta obra un ícono que desafiaba los prejuicios de su tiempo.

A lo largo de su vida, Lola Mora enfrentó censuras, críticas a su moralidad y dificultades económicas. Pese a ello, continuó realizando esculturas para el Congreso Nacional, monumentos a la Bandera, a Nicolás Avellaneda y otros encargos internacionales, consolidando su lugar en la historia del arte argentino.

Lola Mora falleció el 7 de junio de 1936 en Buenos Aires, dejando un legado que trasciende fronteras. Su obra no solo transformó la escultura argentina, sino que también abrió caminos para las mujeres en el arte y en la cultura, convirtiéndose en un referente universal cuya luz sigue brillando en cada curva de mármol de la Fuente de las Nereidas y en la memoria cultural de Argentina



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