El escritor y periodista Martín Caparrós se hizo eco este miércoles de las críticas de la ola “antiargentina” (en gran medida digital) tras la caída de la selección de Leo Messi frente a España en la final del Mundial 2026. Uno de los posteos más llamativos fue el del actor Samuel L. Jackson, que afirmó que la Argentina es “uno de los países más racistas del mundo”.

Caparrós, quien reside en España, usó la afirmación del actor como disparador de su mensaje y dijo que está “impresionado” por “nuestro nuevo racismo” que en redes sociales y algunos medios afirman que hay en la Argentina. “Una conciencia nueva recorre el planeta. En estos días he escuchado y leído varias veces que la Argentina es ‘el país más racista del mundo’. Es cierto que, según dicen esos mismos, queremos ganar todo y no sabemos perder: quizá nos ofrecen este primer lugar para compensar nuestras derrotas futboleras”, expresó primero.

Luego hizo un paso por la historia del país desde la colonización española hasta la actualidad. “Antes del desembarco de los españoles no se sabe: no queda registro de esa gente, pero eran pocos y vivían en grupos laxos. La discriminación era difícil. El primer racismo rioplatense registrado fue, entonces, el de aquellos soldados que llegaron para tratar de ocupar aquellas pampas –habitadas por seres inferiores a los que había que ordenar, educar, catequizar y explotar todo lo posible para salvar sus almas, pobrecitos», sostuvo con ironía.

Destacó, en tanto, que entre 1550 y 1800 “España secuestró o hizo secuestrar a tres o cuatro millones de africanos para llevarlos a trabajar a sus colonias americanas” y mencionó las malas condiciones en las que vivían, ya sea por el viaje al continente o por el trabajo forzado.

“No estamos hablando de la Edad de piedra en Baluchistán: es aquí mismo y son los grandes reyes cuyos nombres nombran calles y escuelas y orgullos españoles. Nuestros racismos más extremos tienen su base en este tráfico. Los dueños de los esclavos justificaban su violencia arguyendo que los negros eran inferiores porque eran negros y, al ser inferiores, podían ser secuestrados y reventados a fuerza de trabajo. El racismo como excusa y consecuencia de la explotación”, marcó.

Más adelante, Caparrós indicó que la Asamblea de 1813 decretó la “libertad de vientres”, es decir, que los hijos de esclavos nacerían libres, pero que los de ese entonces no dejarían de serlo hasta su muerte. “Así, los honorables diputados calmaban sus conciencias y los dueños de los esclavos –a menudo ellos mismos– no perdían dinero resignando sus propiedades de dos patas. Solo 40 años después la Argentina abolió por fin la esclavitud. Para ese entonces Estados Unidos y Brasil la mantenían como una base decisiva de su economía», señaló.

También subrayó que en la guerra de la Triple Alianza contra Paraguay en 1865 en el ejército porteño había “soldados negros” y que “muchos fueron muertos”.

“Lo mismo en la siguiente guerra, cuando los ricos porteños decidieron matar a los indios que vivían en las pampas para apropiarse de sus tierras. Y la puntilla fue, probablemente, la gran epidemia de fiebre amarilla de 1871, que se encarnizó con los negros –porque vivían en los lugares con la peor higiene. En Argentina, tras todo ese desastre, no quedaron muchos. Ahora, junto con Chile, es el país latinoamericano donde hay menos», agregó.

Tras ello, Caparrós apuntó contra los medios estadounidenses que aseguraron que la Argentina es un país racista porque “en su selección de fútbol no había ningún jugador negro en un país donde no llegan al 0,7% de la población”.

“En 1880 el país tenía unos dos millones de habitantes; en 1920, alrededor de diez millones: la mayoría eran inmigrantes. Se destacaban los italianos y los españoles pero también había franceses, ingleses, alemanes, polacos, rusos, turcos, sirios, portugueses, griegos, japoneses, tantos más. En esos años la mitad de la población de Buenos Aires había nacido en otra parte y el preámbulo de la Constitución prometía ‘los beneficios de la Libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino’”, insistió Caparrós sobre las mezclas en la conformación de la sociedad argentina.

En su texto destaca además las diferencias que hay en la historia argentina y las de países europeos o Estados Unidos, que tuvieron distintos discursos y formas de segregación a lo largo de décadas. Y resume que la Argentina es una sociedad marcada por la mezcla y la inmigración, donde el racismo existe pero históricamente ha tenido menos peso que la discriminación social o de clase.

Sin embargo, sí mencionó el “intento de reacción racista de parte de los ricos argentinos que imaginaron que sólo recibirían contadores suizos y poetas toscanos” en la ola inmigratoria. “Hubo peleas pero, a largo plazo, los recién llegados se impusieron. Y entre ellos se pelearon poco. Siempre hubo chistes y pequeñas reyertas, por supuesto, de tanos y gallegos y moishes y franchutes pero la mezcla sucedió enseguida: fueron comunes, ya desde el principio, las bodas entre gentes de orígenes distintos. Y la escuela pública, gran logro de esos años, fue el mejor instrumento de amalgama, la fábrica incesante de argentinos”, escribió Caparrós en su extenso mensaje en la red social X.

Luego pasó al siglo XX. “Hacia 1930 el país prosperaba. El desarrollo [industrial] necesitaba brazos; los europeos, envueltos en sus crisis y guerras, ya no migraban tanto. Empezaron los desplazamientos internos: millones de argentinos de las provincias bajaron a la capital a buscar mejores vidas. Muchos tenían la piel un poco más oscura por viejos mestizajes. Los porteños ricos –y los que querían parecerlo– los llamaron ‘cabecitas negras’“, publicó Caparrós y explicó que había ”un racismo sin leyes, social». Destacó en paralelo que el peronismo “se ofreció a representar” a esos migrantes del interior que llegaban a Buenos Aires.

A partir de 1960, mencionó el escritor, se dio una ola migratoria de los países limítrofes, como Paraguay, Bolivia o, un poco más lejos, Perú. “Ellos nunca tuvieron trabas burocráticas o policiales y ahora mismo se supone que son dos o tres millones, si acaso un 5% del total. Y sin embargo en ese país en crisis no hay un uso político del rechazo a estos inmigrantes más recientes. Debe ser que esos politicastros dispuestos a todo lo han hecho medir y descubrieron que los votantes argentinos no lo agradecerían tanto como los españoles o alemanes o italianos o franceses o ingleses. La xenofobia no es, en Argentina, ese tema central que la ultraderecha y la derecha ha impuesto en nuestros países europeos”, insistió. Una vez más, marcó la diferencia con Europa, donde la inmigración de países en crisis sí forma parte del debate político.

“En la Argentina, por suerte, no hay pureza posible. Somos pura mezcla, somos los mismos y distintos: no podemos descalificar a ningún otro –porque nosotros mismos somos otros», sostuvo.

Y sumó: “Hay, por supuesto, esa discriminación hacia los pobres que está por todas partes y ninguna FIFA, ninguna ONU, ningún gobierno condena. En Madrid, donde muchos inmigrantes islámicos no le pasan bien, el otro día vi una caravana de coches oficiales, brillosos, alemanes, bruta custodia policial, que paraba en la puerta del museo del Prado para que lo visitaran, obviando cualquier cola, cinco o seis jeques impecables. Esos jeques eran tan ‘moros’ [habitantes del Magreb] cómo cualquier víctima de Vox [el partido de ultraderecha español]; la diferencia no está en la piel sino en la caja fuerte”.

A modo de cierre, también destacó su mezcla: “Yo soy español (una sola vez) y soy argentino (otra sola vez) y también soy un poco polaco, judío, ruso, todas esas cosas que me hacen parecido a algunos y muy distinto de otros que podrían definirse igual”.

“Está claro que en las últimas décadas la Argentina fracasó en muchas cosas. Ya estamos en las semifinales mundiales del fracaso, pero triunfamos en mezclarnos. Por eso no nos resulta fácil ser racistas. Lo siento. Pero, por el amor de Dios, no desesperen: si eso es lo que quieren, lo seguiremos intentando”, cerró.





Source link

Deja una respuesta